Desarrollando ciudades resilientes

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Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, por lo tanto, lograr que nuestras ciudades sean más seguras es un reto a largo plazo que podemos alcanzar.  A lo largo de la historia, muchas ciudades han sido perturbadas (el terremoto de Lisboa en 1755) o han terminado sucumbiendo (la erupción del Vesubio con Pompeya) ante desastres naturales de diversa índole.

Ante el aumento de desastres naturales en los últimos años, Naciones Unidas ha lanzado la Campaña Desarrollando Ciudades Resilientes, pero querido lector te preguntaras  (desde que empezaste esta entrada) ¿Qué es una ciudad resiliente?

La resiliencia es la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz, lo que incluye la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas (UNISDR). La resiliencia prioriza invertir en el aumento de las capacidades de la ciudad para sustentar una sociedad y economía saludables y dinámicas bajo cualquier circunstancia (ICLEI). Y por lo tanto, una ciudad resiliente es aquella que reducen el riesgo de sufrir un desastre y en el que caso de que sucedan tengan mayor capacidad para absorber y recobrarse de sus efectos.

Naciones Unidas en su Manual Cómo desarrollar ciudades más resilientes nos propone una lista de chequeo con los diez aspectos esenciales para lograr ciudades resilientes.

 

Dentro de este decálogo (yo) voy a diferenciar dos tipos de capacidad resiliente de las urbes: Resiliencia pasiva y activa.

La Resiliencia pasiva que es la que se centra en minimizar los riesgos de sufrir desastres naturales y que tiene como aspecto principal la infraestructura de la ciudad. Desde regular los códigos de edificación para construir edificios acordes a los posibles riesgos (como puede ser unas estructuras más flexibles en zonas sísmicas) a planificar las zonas urbanísticas de ampliación de las ciudades  (evitando zonas de riesgo como pasos pluviales).

La Resiliencia activa que es la organización y coordinación en las actuaciones que se deben desarrollar para prepararse ante un desastre y una vez suceda amortiguar y minimizar su impacto.  Aquí englobamos desde planes de evacuación (zonas volcánicas) a programas educativos para que los ciudadanos sepan que hacer ante ciertas situaciones (Zonas de tsunamis o huracanes)

De esta forma queda claro que la resiliencia activa la formamos todo el conjunto de la sociedad y si queremos desarrollar ciudades resilientes, cada uno tiene que poner su granito de arena. Mientras, por otro lado queda la resiliencia pasiva que es propia de los técnicos que trabajan directamente en el desarrollo urbanístico y de infraestructuras de las ciudades.

Veamos el caso de Japón como un buen ejemplo de desarrollo resiliente. La resiliencia pasiva se consigue con una normativa de edificación con unos requisitos antisísmicos acordes con la situación sísmica del país y la resiliencia activa se desarrolla dando pautas a seguir en caso de sismo en escuelas y oficinas y estableciendo planes de emergencia para actuar en caso de llegar a necesitar. Por el contrario muchos países de Asia en desarrollo no establecen una visión a tan largo plazo y los desastres naturales causan verdaderos desastres.

Se habla mucho de la “smart city” o del desarrollo sostenible de las ciudades, pero poco de la seguridad. La resiliencia es una parte importante a la hora de gestionar y planificar el desarrollo de las urbes del futuro. Ahora os pido que hagáis un poco de autocritica: ¿Vivis en una ciudad resiliente?

 

Más info: http://www.eird.org/

One Response to Desarrollando ciudades resilientes

  1. j dice:

    actualmente vivo en un apartaestudios y poco a poco e venido biendo como las personas van llegando a la ciudad

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