El Azulejo de Sevilla

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Hace ya unos cuantos años cuando era estudiante de Arquitectura Técnica hice un pequeño trabajo sobre el azulejo sevillano que hoy voy a modificar para hacer una entrada para el blog con las distintas tipologías de azulejos.


Alicatados

El alicatado es un revestimiento plano conseguido colocando pequeñas piezas de diferentes formas geométricas (“Alíceres”) que, como comenta Gestoso, “los albañiles cortaban con la herramienta que se conoce con el nombre de “pico”, de placas y losetas monocromas blancas, verdes, azules y meladas, yuxtaponiéndolas, y por tanto sin que entre ellas hubiese más línea divisoria que la del corte”.
El alicatado fue el primer revestimiento cerámico utilizado en Al-Andalus para adornar los muros interiores de las edificaciones, ya que para los exteriores y los pavimentos de las casas se conocía el uso de las losetas esmaltadas con estaño.
En Sevilla, los zócalos de alicatado más sobresalientes pueden admirarse en Los Reales Alcázares , en la Iglesia de San Gil y en la Casa Olea, y también pueden verse muestras de alicatado en la portada del monasterio de San Isidoro del Campo y en las ventanas y fachada lateral de la iglesia de Omnium Sanctorum.

Fig. 1 Detalle de alicatados de Los Reales Alcázares de Sevilla.


Azulejos de cuerda seca


La elaboración de los alicatados suponía tal dificultad y tan elevado coste, tanto en mano de obra como en tiempo, que “hizo pensar “, dice Gestoso, ” a los ceramistas y albañiles de aquel tiempo, en adoptar un sistema que fuese más fácil y económico y que viniera a producir análogo efecto, y entonces, inventaron la labor llamada en documentos de esta época de cuerda seca”, procedimiento que, por otro lado, era conocido desde época califal y muy empleado en la decoración de vajillas y que, siguiendo a Gestoso “Consiste en imprimir sobre el barro por medio de una placa o matriz metálica, que algunos creen que fue de madera, cualquier dibujo, quedando en relieve las líneas y perfiles de los adornos, las cuales por uno y otro lado a su vez, ofrecen también líneas que se ven rehundidas, y además, perfiladas con grasa y manganeso, cuyas sustancias dejan aisladas por completo las tintas policromas con que son esmaltados los referidos adornos y figuras del azulejo. El pincel cargado deposita en los centros los diferentes esmaltes y por consiguiente, vienen a resultar en cada uno de los espacios circunscritos por las líneas del manganeso, unos adornos en bajísimo relieve.
La técnica de la cuerda seca aplicada a los azulejos comenzó a utilizarse en Sevilla a mediados del siglo XV constituyendo una producción dirigida a una clientela muy selecta, entre la que se incluyeron los propios Reyes Católicos. Los ejemplos más representativos de estos azulejos son los que componen el zócalo de la capilla de los marqueses de Tarifa (Casa de Pilatos), el conjunto del claustrillo de la Cartuja de las Cuevas y los de la capilla mayor del Monasterio de Santa Paula.

Fig. 2  Detalle de azulejos de cuerda seca del zócalo de la capilla de la Casa de Pilatos.


Fig. 3  Zócalo de Azulejos de Cuerda Seca del Claustro del Convento de Santa María de las Cuevas. Siglo XV.

La técnica de la cuerda seca se empleó también para la realización de placas heráldicas utilizadas para indicar la propiedad, el patronazgo o la jurisdicción sobre algún espacio por una familia noble. Ejemplos de tales placas son el Escudo Real de la Alhóndiga del grano de Sevilla, de 1503, (conservado en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla), o el que adorna el Sepulcro de D. León Enríquez en la Iglesia de Santa Paula, coronado por una inscripción realizada también en cuerda seca. 

Fig. 4 Azulejos de Cuerda Seca decorado con motivo heráldico de los Enríquez, de la Iglesia de Santa Paula


Azulejos de cuenca o arista

El procedimiento de cuerda seca para decorar los azulejos, que venía realizándose en Sevilla desde mediados del siglo XV, resultaba bastante adecuado para los temas compuestos de líneas rectas, como las lacerías que imitaban los alicatados, pero no lo era tanto cuando se impuso la necesidad de realizar otros diseños que incorporaban líneas curvas o mixtas. Surgió, por ello, una innovación técnica que consistía en tallar el dibujo en negativo sobre un molde, que al principio fue de madera y después metálico, el cual se aplicaba posteriormente mediante presión a la loseta de barro aún fresco para provocar en esta una impronta con unos alvéolos o cuencas separados por aristas, que después de ser bizcochada la loseta, permitía la fácil distribución de los óxidos en tales alvéolos, antes de su segunda cocción. Así nació el azulejo de cuenca o arista.
Esta nueva técnica de fabricación de azulejos, de ejecución mecánica y rápida, permitió el aumento de la producción y el abaratamiento de los costes, factores que unidos a la situación privilegiada de Sevilla como puerto de salida al Nuevo Mundo (recién descubierto), explican la gran expansión que alcanzaron.
En su decoración se emplearon tradicionalmente los colores blanco, verde, melado, azul cobalto claro y un violáceo oscuro casi negro, pero también hay bastantes ejemplares en que se emplea la técnica del dorado

Fig. 5 y 6 Detalle de azulejos de arista o cuenca, realizados en dorado con tema heráldico, para el centro de los paños del zócalo de la planta baja de la Casa de Pilatos.
Los azulejos de cuenca o arista se emplearon para decorar zócalos, techos y pavimentos. Aunque, por el desgaste propio de su uso, se conservan muy pocos pavimentos in situ realizados con azulejos de arista, son abundantes las piezas sueltas conservadas en colecciones. Se sabe que estos pavimentos se realizaron tanto con piezas del tamaño estándar empleado para zócalos (12.5 x 12.5 cm.), como con pequeñas losetas, que se conocen como olambrillas, y que decoradas con motivos bien geométricos de tipo mudéjar o bien figurativos, se colocan intercaladas entre ladrillos sin vidriar para formar diferentes combinaciones.

Fig. 7 y 8  Detalles de pavimentos con pequeñas losetas vidriadas intercaladas de Los Reales Alcázares de Sevilla

En los zócalos se utilizaron azulejos cuadrados de 12.5 o 13 cm. de lado, aunque los hay mayores, completándose generalmente el dibujo por la yuxtaposición de cuatro piezas iguales, si bien existen muchos azulejos con tema completo en cada pieza, como los de grutescos que recubren parte de los muros exteriores del Cenador de Carlos V en los jardines de los Reales Alcázares de Sevilla.

Fig. 9 Detalle de zócalo de azulejos de arista con motivo de grutescos en los muros exteriores del Cenador de Carlos V de Los Reales Alcázares de Sevilla.

Para los techos también se empleó una solución cerámica a base de azulejos de cuenca o arista, y que conocidos para este uso como “ladrillo por tabla” , tienen forma rectangular y dimensiones variables (de 13 o 14 cm. por 27 o 29 cm.) y van decorados por su cara inferior visible para ser colocados entre las vigas del forjado, disponiendo para ello de unas bandas estrechas no decoradas por donde se apoyan. Aunque el uso de esta solución para los techos fue muy frecuente en parroquias y viviendas privadas sevillanas, son pocos los que se mantienen in situ. Como ejemplos, podemos citar los del claustro bajo del convento de Santa Clara o los de la celda prioral de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. 

Fig. 10  Techo realizado con azulejos de “ladrillo por tabla” de la celda prioral de la Cartuja de Santa María de las Cuevas.


FRANCISCO NICULOSO y los Azulejos planos o pisanos

Hacia finales del siglo XV llegó a Sevilla, para instalarse en Triana, un “ollero” de origen italiano (probablemente de la ciudad de Pissa o sus alrededores), de nombre FRANCISCO NICULOSO, que tras haber aprendido su oficio en Florencia, vino a Sevilla posiblemente atraído, como tantos otros mercaderes y comerciantes de la época, por la fama creciente de la ciudad.
La importancia de este ollero “pisano” o “italiano”(que de ambos modos gustaba de firmar sus obras) estriba en que introdujo en la cerámica Sevillana la técnica del azulejo plano o pisano o azulejo pintado, (es decir, cubierto con un baño de esmalte de estaño y decorado a pincel en policromía conseguida con óxidos metálicos) con la paleta de colores y el repertorio de los motivos decorativos del Renacimiento italiano.
Aunque se dispone de un extenso catálogo de las obras de Niculoso , citaremos aquí, la Lauda sepulcral de Iñígo López., su primera obra sevillana datada, de 1503, que se puede contemplar en la Parroquia de Santa Ana de Triana, y el Retablo de la Visitación del Oratorio de los Reyes Católicos en los Reales Alcázares de Sevilla.

Fig. 11 Retablo de la Visitación. Niculoso. 1504. Reales Alcázares de Sevilla.

El azulejo de montería

El tipo de azulejo más emblemático del siglo XVIII en Triana es, probablemente, el azulejo conocido por los coleccionistas como “tipo Delf”, cuyos antecedentes se remontan a los realizados en Faenza hacia 1500, desde donde el modelo pasó a la ciudad holandesa de Delf en el siglo XVII, para fabricarse en gran cantidad, generalmente monocromos en azul y utilizando un sistema de fabricación rápida y barata (como es el procedimiento de trepa o estarcido), y desde donde, por fin, llegaron a España en grandes cantidades, para ser reinterpretados por los alfareros de Triana.
El azulejo trianero “tipo Delf” respeta el esquema compositivo de los holandeses con un tema central e independiente para cada pieza, que es enmarcado por un circulo tangente a los límites cuadrados del azulejo, reservándose los ángulos para dibujar un punto o una flor de trazos groseros, pero además de ser realizados en color azul, en Triana se realizan también en policromía. 

Fig. 12  Azulejo de montería.

El tema de estos azulejos es muy variado siendo frecuentes los astros (el sol, la luna, las estrellas), los dibujos de personajes bien de busto o cuerpo entero (damas, letrados con quevedos, leñadores,…), cestos con flores, y el más frecuente, el de “montería”, que acabará desplazando a los demás motivos, y que está representado con figuras como pájaros, liebres, venados, jabalíes, cazadores, etc.

Fig. 13 Temas de azulejos de montería. Triana. Siglo XVIII


El azulejo de propio

Se han llamado azulejos “de propio”, o también “de censo”, a un tipo de placa o azulejo muy empleado desde el siglo XVII, para, colocado en las fachadas de los inmuebles, dar noticia de la propiedad de los mismos por parte de entidades religiosas o familias nobiliarias. Generalmente representan un escudo o emblema de la institución, a veces completado con un corto texto y/o el número de inventario.
En 1771, siendo Asistente de Sevilla Don Pablo Olavide, se produjo la primera división administrativa de la ciudad en cuarteles, barrios y manzanas, que sustituiría a la otorgada por Fernando III en 1248 tras la reconquista de Sevilla y que organizaba la ciudad. Además se comenzó a dar verdadero nombre al callejero, con lo cual surgió la necesidad de su señalización. Esta necesidad fue resuelta por medio de pequeñas losetas de cerámica, que los coleccionistas conocen como “azulejos de Olavide”y que comprenden tres tipos: unos que indican el cuartel, barrio y manzana correspondiente, otros que hacen referencia al nombre dado a la calle, y otros, por último, que indican el número de cada casa. Todavía, hoy, es posible encontrar in situ muchas de estas piezas. 
 
Fig. 14 Ejemplos de Azulejos de “Olavide” fotografiados in situ. Sevilla. Siglo XVIII.

 

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